La maternidad es real y física desde el principio, y toda esta espera contemplativa, las transformaciones, la extraña situación en la que el cuerpo se convierte en receptáculo de algo prometedor. Del propio crecimiento. (Rauda Jamis e Isabel Núñez)
Estar embaraza es una experiencia única, personal e íntima.
El embarazo representa un tiempo de espera, cuidados, incertidumbre y aprendizaje. Un recorrido de transformación y de crisis donde cada madre, con atención y respeto, puede ampliar su conciencia de las necesidades y emociones que esta etapa tan excepcional desencadena en ella. Este recorrido conlleva un potencial sanador enorme si la mujer embarazada puede darse el tiempo y la oportunidad de “tomar conciencia” y explorar los múltiples sentimientos, muchas veces ambivalentes, por los que, con toda seguridad, tendrá que atravesar. Por tanto, se presenta un momento idóneo para priorizar el autocuidado y el bienestar personal (si el contexto lo facilita) antes de la entrega de cuidados y atenciones que requerirá el bebé una vez llegue al mundo exterior.
Los cambios en la mujer embarazada son numerosos y diversos. En nuestra sociedad, se ha puesto más atención a los cambios que se producen a nivel físico (por su visibilidad ante el mundo externo) y no son tan nombrados los cambios que surgen a nivel psíquico/emocional. De estos últimos trata el presente artículo.
Resulta fundamental comenzar subrayando que el proceso psíquico del embarazo no es el mismo para todas las mujeres ni se desarrolla de la misma manera durante todo el periodo de la gestación. Para un gran número de mujeres, el embarazo representa una crisis poco reconocida socialmente. Se presenta ante ellas la tarea de emprender un camino de interrogación profunda, de incertidumbres, un camino de emociones y sentires vividos muchas veces en soledad y, con gran frecuencia, autonegados o rechazados.
Son numerosos los estudios e investigaciones en relación con la adaptación psicológica y los distintos procesos psíquicos que se desarrollan en la mujer gestante, todos ellos destinados a facilitar la función materna durante la crianza en el vínculo con su bebé. Patricia Fernández e Ibone Olza los recogen con maestría en su libro Psicología del embarazo. Aquí cito algunos de ellos:
Dana Raphael acuñó en 1975 el término de matrescencia para recoger la transición que vive cada mujer desde su condición de persona sin hijos hasta convertirse en madre. Tiene que ver con los cambios físicos, psicológicos, emocionales, hormonales, sociales y de identidad que conlleva la maternidad.
Winnicot (1998) define la preocupación materna primaria como un estado de sensibilidad exaltada que emerge en semanas previas al parto y tras el nacimiento del bebé, permitiendo a la madre reconocer y atender convenientemente las necesidades de éste, desarrollando las conductas de maternaje y renuncia a sus propias necesidades frente a las del bebé.
Bydlowski acuña en 2007 el término transparencia psíquica para referirse a la creciente sensibilidad emocional en la mujer que avanza conforme lo hace el embarazo y que implica un mayor acceso a recuerdos olvidados previamente. Este estado de la mujer gestante puede implicar la aparición de síntomas ansioso-depresivos por haberse reactivado duelos pendientes o angustias primitivas. Resulta de vital importancia el acompañamiento a la mujer en estos momentos para que ésta se sienta confortada, legitimada y segura para expresar emociones y sentires antiguos, revisando su propia historia vincular y de crianza, así como de duelos que puedan estar aflorando con el embarazo.
Gestar a otro ser dentro de ti es una tarea hermosa y plena pero también, exigente y cansada. Mi propia experiencia como madre, el acompañamiento y la escucha a mujeres durante su embarazo y su posparto, así como la participación en distintos espacios donde se pone el acento en estas experiencias, me impulsa a poner en valor y subrayar la importancia del cuidado de la salud emocional de la mujer embarazada a lo largo de la gestación.
Cuidemos a las madres en esta metamorfosis salvaje que conlleva la maternidad; este cuidado no sólo brindará seguridad, confianza y soporte en la transición al vínculo de la madre con su hijo/a durante el embarazo sino también a través del largo período de crianza en el que se embarcan tanto el bebé, la madre y el propio sistema familiar que los sostiene.
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